El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha estimado ilegal el conocido como "céntimo sanitario" por no ser sanitario. Tampoco era "céntimo", pero es igual, con lo primero había bastante.
Ahora estamos todos indignados por haber pagado un impuesto "de más" y porque en la práctica va a ser casi imposible pedir la devolución que en justicia nos correspondería, pero pienso: "Si, total, al final ¿qué más da?" Y me explico:
Ya nos han advertido que el proceso para pedir la devolución de los pagos indebidos se ha de iniciar con la presentación de las facturas acreditativas de su pago, con lo que, de entrada, o somos de aquéllos que nos guardamos las facturas del gas desde que nos compramos el piso, o la reclamación va a quedar limitada en la práctica a empresas y profesionales que por ley tienen la obligación de guardar la documentación fiscal de los años no prescritos. Proceso que, a buen seguro, finalizará con una revisión de la deducibilidad del gasto (del tributo y del bien gravado en sí, o sea, del combustible) y de su IVA, antes de que Hacienda haga efectivo su pago. Y si no, al tiempo. Hacienda es uno de los pocos órganos de la Administración capaz de tener sentimientos: el de rencor. Olvida pero no perdona. En cualquier caso, de una paralela o una complementaria no se salva nadie, porque, ¿se ha planteado alguien qué pasa con la tasa deducida como gasto en el IS/IRPF si se pide la devolución? ¿y con el IVA aplicado sobre esa tasa deducido como IVA deducible? Así que, entre una cosa y otra, solo van a poder solicitar la devolución del impuesto las empresas de transporte cuyo volumen de deuda reclamable sea lo suficientemente grande como para que les salga a cuenta pedirla, y tengan la "conciencia limpia". Pero me temo que de ello no vamos a podernos beneficiar los más comunes de los mortales.
Es más. Se plantea ahora también la cuestión de qué Administración debe correr con la devolución. Esta fue una tasa aplicada por 13 Comunidades Autónomas y formaba parte de la financiación que la Administración Central les cedía. Durante 10 años -dos legislaturas y media- o, dicho de otro modo, de los dos grandes partidos mayoritarios, otros tantos regionalistas y algún que otro partidúsculo que de forma directa o indirecta dio su apoyo a los presupuestos que los incluía. Todos quienes entonces se metieron la mano en el bolsillo después de haberla extendido para cobrar, la mantienen ahora dentro mientras miran hacia arriba y silban aquello del "pío, pío que yo no he sío" Pero, al final ¿qué más da? ¿Quién os pensáis que lo va a pagar? ¿de dónde creéis que va a sacar Hacienda (la que sea) los fondos para pagar? Desde la constitución de los estados modernos -y eso fue allá por el s.XIV- que las arcas públicas ya no son "el tesoro del rey", sino que "Hacienda somos todos". O sea, que a pagar entre todos "a escote".
Otro punto que genera "cabreo" es la limitación del plazo por el que se puede pedir la devolución. Por detrás opera la prescripción de las deudas tributarias no reclamadas que es de 4 años si no ha sido interrumpido, por lo que, a pesar de haberse estado pagando desde 2002, sólo podrá reclamarse por el tributo pagado a partir de marzo de 2010, si no ha habido una reclamación previa no desistida. Pero por delante opera el límite de 2012, porque el impuesto desapareció en 2013. ¿Desapareció? Realmente no. Quedó absorbido dentro del impuesto de hidrocarburos. Así que ahora nos lo han colado definitivamente y vamos a acabar pagandolo para los restos, y sin rechistar. De nuevo ¿dónde está la bolita? Si nos hubieran subido el impuesto sobre hidrocarburos desde el principio, o el impuesto de circulación, o cualquier otro de los que ya contemplaba la legislación fiscal (central, autonómica, de las diputaciones, municipal) vigente, nos lo hubiéramos comido a palo seco. Así que, ¿qué más da?
Así que, en definitiva, ya sé que da mucha rabia y que no son maneras. Pero lo que yo me planteo es: si sólo van a poder salir beneficiados unos pocos y vamos a terminar pagando entre todos, si hubiéramos pagado de todos modos, y lo vamos a continuar pagando, al final ¿qué más da?
Prevención de la morosidad (II) Después de haber contactado con el cliente
- Después de contactar con el cliente.
Una vez contactado un posible cliente para
incorporarlo a la cartera, es necesario obtener de él la mayor información posible
para clasificarlo en el segmento de riesgo adecuado y, con ello, darle el
tratamiento que le corresponda. Para obtener información del
cliente podemos recurrir fuentes de información internas o externas.
- Fuentes internas.
La primera información que nos
ofrece el cliente es, precisamente, la forma en que ha sido captado. En un
mercado muy concurrido en el que nuestra empresa no ofrece un factor de
diferenciación claro ni por producto ni por precio, los buenos clientes suelen
ser una presa codiciada. Por tanto, primera alerta: desconfiar de aquéllos
clientes que llaman a tu puerta, y aceptan tus condiciones sin muchos
inconvenientes; máxime, si es ya un cliente antiguo en el mercado y ha
trabajado ya con otros competidores. En mercados pequeños con pocos
concurrentes es fácil que todos se conozcan e informarse del historial
de ese cliente.
Otra fuente de información
interna la pueden proporcionar los mismos comerciales de nuestra empresa a partir de síntomas como el aspecto
general del negocio. Almacenes llenos o vacíos; poca actividad; maquinaria e
instalaciones obsoletas, mobiliario anticuado y estropeado, etc., puede ser
indicativos de que la empresa puede estar pasando dificultades. En ocasiones,
una conversación con un operario o un administrativo puede proporcionar una
información muy valiosa.
- Fuentes externas:
· Las empresas de información
pueden proporcionar una información objetiva y útil acerca del riesgo comercial
de cualquier empresa. Existen varias compañías en el mercado y cada una de
ellas tiene sus propios modelos de informes, pero, entre otros datos, todas
informan de los administradores y otros responsables de la empresa, riesgo de
incumplimiento de impago, informe RAI, incidencias judiciales, cuentas anuales
y ratios económico financieros, e, incluso, una valoración propia que puede
sernos muy útil para clasificarlos según nuestro propio baremo de riesgo.
· Las compañías de seguros de
crédito también son una fuente de valoración de nuestro cliente potencial, ya
que ellas mismas lo estudian para aceptar o rechazar el riesgo o, en su caso,
aplicar la prima que le corresponda en función del riesgo que corra.
· Las entidades financieras
también pueden ser una fuente de información indirecta aunque limitada. Es
evidente que no pueden facilitar datos confidenciales de sus clientes, pero
puede ser una buena práctica preguntar si aceptarían efectos al descuento o en
factoring.
· Infórmese también de los
riesgos de su cliente.
Jurídicamente, cada empresa es
responsable de la deuda que contrae y ha de liquidarla con sus propios fondos, pero en la práctica las operaciones de cobro y pago se van entrelazando de
manera que los cobros del eslabón posterior financian los pagos al eslabón
anterior. Cuando uno de estos eslabones falla y el flujo monetario se rompe,
sus efectos pueden trasmitirse también a lo largo de la cadena. Por tanto, es
conveniente analizar, no solamente el riesgo que puede ofrecerme un cliente en
particular, sino también el que él asume en función de sus propios clientes y
que puede acabar repercutiendo a nuestra empresa.
- En la relación con el cliente.
De nuevo, la información se
revela como la herramienta más importante para la toma de decisiones y, en este
caso, para prevenir riesgos. En el contexto actual, tan inestable, las
condiciones cambian muy rápidamente y empresas y sectores que parecían sólidos
unos años atrás pueden venirse abajo en cuestión de meses. En su momento ya hablamos de la
importancia de que los datos utilizados para valorar a nuestro cliente
potencial deberían ser lo más actualizados posible. Por la misma razón, es
conveniente seguir recabando periódicamente información de las fuentes internas
y externas expuestas anteriormente y estar atentos a posibles cambios
repentinos en su operativa habitual, como aumentos o disminuciones del volumen
de pedidos, incidencias puntuales en los cobros, etc.
· Evite las excusas de mal
pagador.
Las excusas más frecuentes que
los clientes morosos arguyen para retrasar el pago suelen alegar incumplimientos
por nuestra parte, como no haber recibido la mercancía a tiempo, que la
mercancía era defectuosa o que las condiciones eran otras.
Para evitar estas excusas de
mal pagador, es evidente que lo primero que tenemos que hacer es cumplir escrupulosamente con
lo convenido, pero es igualmente importante documentar correctamente toda la
operación para demostrarlo llegado el caso.
. El pedido. Normalmente, para facilitar al proveedor la
acción de compra, al pedido no se le suelen poner muchos requisitos, pero si
consideramos que es la solicitud del cliente de adquirir una mercancía cuyo
contravalor es la deuda que contrae con nosotros, se entiende mejor su
importancia. El pedido
compromete al cliente en todos los términos establecidos en él y le obliga a aceptar la mercancía pedida y a su pago al precio y en los términos fijados
en el pedido. Además de los datos de identificación necesarios para
cualquier documento mercantil, el pedido debe contener, entre otras menciones, especificación de
la mercancía, unidades y precio unitario; y forma y plazo de pago. El
pedido debe estar firmado, especialmente por el cliente en señal de conformidad.
. El albarán es el documento que acredita
la entrega de la mercancía y, por tanto, que se genera la obligación de la
contraprestación establecida. Tanto es así, que la factura no se sustenta sin el albarán. El albarán también ha de
contener una serie de datos mínimos como son la referencia del pedido en el que se originó y la mercancía entregada. Es especialmente importante la identificación de la
persona y cargo que ha recibido la mercancía, su firma y sello de la empresa.
. La factura. Como decíamos en el punto
anterior, la factura por sí misma no demuestra nada, aunque una factura
conformada por el cliente puede sustituir al albarán. Además de los
datos fiscales relativos a la operación, la factura debe contener la
referencia al albarán o albaranes facturados y al pedido o pedidos, y, de
acuerdo con las condiciones establecidas, la forma y fecha de pago.
- ¿Y si todo falla?
En el primer caso, hay que
gestionarlo desde la consideración de que se trata de un problema compartido. Posiblemente,
tampoco deseado por nuestro cliente. En ese caso, nuestra postura ha de ser constructiva,
intentando ofrecer soluciones al cliente como aplazamientos en el pago,
recuperación de mercancías y, en última instancia, quitas; y, en lo posible
intentando conseguir garantías que afiancen la deuda. De la misma manera,
nuestro trato también debe ser cordial pero firme, mostrando nuestra
predisposición a un acuerdo pero también inflexibles ante nuevos
incumplimientos.
En el segundo caso, o cuando a
este primero no se le ven visos de solución, lo más aconsejable es recurrir a
profesionales de la reclamación de deudas y en la recuperación de créditos.
Acudir a un tercero en casos de conflictos tiene la ventaja de la
despersonalización de la relación entre las partes y, sobretodo, la de la
especialización de los profesionales que intervienen.
Prevención de la morosidad (I) Antes de contactar con el cliente
El objetivo final de cualquier empresa es el de ganar dinero. En realidad, fabricar, construir o prestar un servicio es sólo el medio para conseguirlo. Esto es así porque el sistema económico se fundamenta en que sus individuos aportan valor al sistema a través de la realización de un actividad económica, valor por el que reciben una contraprestación equivalente. El soporte en el que se deposita y mediante el cual se trasmite ese valor, es el dinero. Por tanto, la manera que tiene la empresa de ser remunerada por el valor que aporta al sistema es mediante el cobro del dinero en el que ese valor se materializa.
El proceso de generación de valor se configura como una cadena en la que cada eslabón utiliza los recursos generados por el eslabón anterior para crear los productos o servicios que, a su vez, serán los recursos del eslabón siguiente. La contraprestación recibida por estos productos o servicios tiene que ser tal que retribuya tanto los recursos empleados como el valor aportado. El soporte en el que se deposita y mediante el cual se trasmite el valor, es el dinero. Por tanto, el cobro es lo que permite remunerar los recursos utilizados y el beneficio generado. Por tanto, es extremadamente importante que la empresa ponga todos los medios a su alcance para asegurar el cobro.
El proceso de generación de valor se configura como una cadena en la que cada eslabón utiliza los recursos generados por el eslabón anterior para crear los productos o servicios que, a su vez, serán los recursos del eslabón siguiente. La contraprestación recibida por estos productos o servicios tiene que ser tal que retribuya tanto los recursos empleados como el valor aportado. El soporte en el que se deposita y mediante el cual se trasmite el valor, es el dinero. Por tanto, el cobro es lo que permite remunerar los recursos utilizados y el beneficio generado. Por tanto, es extremadamente importante que la empresa ponga todos los medios a su alcance para asegurar el cobro.
En las líneas y posts que siguen
trataremos de dar algunos consejos que minimicen el riesgo de impago. Se podría
pensar que las medidas que aquí se exponen son propias de las grandes empresas,
pero, bien al contrario, son más necesarias en las empresas medianas y pequeñas
cuya situación financiera suele ser más débil y, por tanto, donde el riesgo de
impago es mayor.
- Antes de contactar con el cliente.
Normalmente, las empresas
intentan paliar los efectos negativos de la morosidad una vez que que se
produce el impago, pero esto es como intentar evitar los daños de un incendio
una vez que se ha declarado. Como cualquier otro riesgo que afecta a la
actividad empresarial, las mejores medidas para evitar sus daños son las de
prevención. Por tanto, antes de realizar la venta, antes incluso de incluir al
cliente en cartera, es necesario emprender una serie de pasos tendentes a
reducir el riesgo.
· Incentive a su organización en el objetivo del cobro.
· Incentive a su organización en el objetivo del cobro.
Un principio fundamental en la
gestión de empresa es que la organización ha de estar alineada con los objetivos
de la empresa. Para conseguirlo, una
política frecuente es la de remunerar a la organización en función de su
contribución a la consecución del objetivo perseguido. Si habíamos dicho que el
fin último de la empresa es el de ganar dinero, y esto sólo se produce
cobrándolo, es obvio que el criterio de remuneración debe ir referido al cobro.
Por tanto, una medida habitual para minimizar el riesgo de impagados es la de establecer
una remuneración variable del personal directa o indirectamente implicado en el
cobro que esté en función del beneficio
generado sólo por venta cobrada.
· Constituya un comité de cobro.
· Constituya un comité de cobro.
La alineación de la
organización con los objetivos hace necesario que los diferentes departamentos
compartan esos objetivos y se responsabilicen de ellos conjuntamente desde sus
diferentes funciones. Una manera de conseguirlo es que todos los departamentos
implicados en la consecución de estos objetivos constituyan una unidad de
decisión para consensuar la política y las decisiones a adoptar; esto es, un
comité. Y si el objetivo es el cobro, el comité ha de ser un comité de cobro. Los departamentos normalmente implicados en la función de cobro son el departamento de ventas y el
departamento financiero, quienes suelen tener puntos de vista muy diferentes
respecto a la conveniencia de contratar un posible cliente o realizar una
determinada venta. Por tanto, ese comité debe estar formado por responsables de
ambos departamentos.
Las
funciones básicas del comité de cobro son: fijar la política de cobro, fijar la
política de riesgo, clasificar los clientes o las operaciones en base a esa
política y, eventualmente, estudiar operaciones individuales fuera de los
parámetros establecidos.
· La política de cobro debe definir las prácticas de la empresa respecto al cobro; básicamente, los plazos y la forma de pago.
· La política de cobro debe definir las prácticas de la empresa respecto al cobro; básicamente, los plazos y la forma de pago.
Desde el punto de vista de la
gestión de la tesorería, es obvio que el
plazo de cobro cuanto más corto mejor, porque garantiza que los fondos
están disponibles en la empresa cuanto antes. Siempre es conveniente que
el plazo de cobro sea menor que el plazo de pago a los proveedores para evitar que sea la empresa quien tenga que adelantar dinero a
éstos para pagar antes de haber cobrado. En cualquier caso, el plazo siempre es un elemento de riesgo porque con el tiempo
aumenta la incertidumbre y, por tanto, a operaciones a plazo de
cobro más largo, hay más riesgo de morosidad. Sin embargo, como hemos dicho, el
proceso productivo es una cadena y los
mismos intereses que tiene nuestra empresa los tienen nuestros clientes y
nuestros proveedores por lo que, a veces, los plazos vienen marcados por las
prácticas del sector o el mercado en el que estamos. En ese caso, la
recomendación es adaptarse a ellos intentando, no obstante, no permitir
prácticas dilatorias “de facto”.
La
forma de pago
es una decisión importante a tener en cuenta porque la elección de una u otra
no es indiferente respecto a la seguridad de la operación, tanto por su inmediatez, como por su iniciativa en el pago, como por las posibles vías de eventual reclamación posterior. Después del contado -con las limitaciones establecidas en la ley- son más recomendables medios ejecutivos como la letra aceptada, el cheque y el pagaré. El recibo domiciliario es preferible a la transferencia porque permite mantener la iniciativa en el cobro y, además, también puede reclamarse en un proceso monitorio. El confirming, el factoring y el crédito documentario permiten incorporar a esos medios de cobro, fórmulas que aseguren la operación. Es posible que
finalmente tengamos también que admitir la práctica generalizada del sector o
mercado, pero normalmente aquí suele haber más discrecionalidad y en muchos
casos, la imposición o la aceptación de uno u otro depende del equilibrio de
fuerzas entre cliente y proveedor.
· Otra de las funciones que
habíamos adjudicado al comité de cobro es el de fijar la política de riesgo; es decir, el nivel de
riesgo que la empresa está dispuesta a correr o, dicho de otro modo, el volumen
de crédito que la empresa está dispuesta a conceder a sus clientes. Este
volumen de crédito puede evaluarse para toda la cartera de clientes (p.ej. el
saldo máximo pendiente de cobro que voy a permitir o el que determino para un
cliente cualquiera), un cliente en particular, o un segmento de la cartera de
clientes y establecer límites de riesgo para cada uno de los segmentos. En ese caso, es conveniente segmentar la
cartera de clientes según criterio de riesgos homogéneos como volumen de
compra, nivel de solvencia, o mercado/país en el que se encuentra.
· Una de las consecuencias
lógicas del establecimiento de la política de riesgo es la establecer un baremo
con el cual clasificar a los clientes
en función de su riesgo de impago, lo que servirá para determinar el
saldo máximo permitido o, en su caso, las garantías que se le exigirán para
asegurar el cobro de la deuda. Es importante establecer esta clasificación con
el máximo de variables objetivas posibles y que se aplique de entrada a cada
nuevo cliente para evitar tener que entrar en la consideración de excepciones
que, normalmente, son un foco de riesgo agravado. El comité de riesgo debería
ser quien califique a cualquier nuevo cliente de la empresa o autorizar las
excepciones y, si corresponde, las garantías y medidas de prevención
adicionales.
· Formalice un modelo de contrato para con los clientes.
· Formalice un modelo de contrato para con los clientes.
Es especialmente importante
plasmar la política de cobros fijada en un modelo de contrato con el cliente
que debería ordenar nuestra relación con él en todos sus aspectos básicos, especialmente en lo que hace referencia a la
compraventa y al pago. Este contrato debería contemplar aspectos tales como
formalidades del pedido (medio, pedido mínimo, etc.), condiciones de entrega
(lugar, plazos, medios), mecanismos de devolución y reclamación, forma y medio
de pago, e, inclusive, posibles intereses de demora y repercusión de gastos de
reclamación, en su caso. El contrato también puede
prever la inclusión de cláusulas especiales para determinadas operaciones que
se acuerde que salgan fuera del ámbito general. En ese caso, es igualmente
importante que tales cláusulas estén expresamente aceptadas con las mismas
formalidades que las requeridas para el contrato principal.
· Suscriba una póliza de seguro de crédito.
Como con cualquier otro riesgo, una medida de prudencia es la de
subscribir una póliza de seguro que cubra total o parcialmente el riesgo de
impago. Este consejo es especialmente útil no solamente cuando prevemos que el
riesgo es elevado, sino también cuando las posibilidades de reclamación en caso
de morosidad son remotas o costosas, como suele suceder cuando operamos con
mercados extranjeros. Uno de los servicios que ofrecen las compañías de seguro
de crédito es, precisamente, el de recobro de morosos, que es también
conveniente para la propia compañía ya que reduce la indemnización que tiene
que cubrir con sus propios fondos. Como veremos más adelante, el coste de la
prima de seguro que calcule la compañía depende del riesgo apreciado en nuestra
cartera, lo que nos permitirá a nosotros mismos valorarla con mayor exactitud.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)